Cuándo voy a decir ©

Noche.estrellada.pexels


¿Cuándo voy a decir

las palabras que me faltan por decir?

¿Cuándo voy a terminar

con esta incertidumbre que nos arropa la existencia?

Esta existencia tan insípida y descolorida

que solo nos recuerdan las carnes putrefactas

de todos los cadáveres besados

por los fríos labios de la Muerte.


Cuándo voy a decir

esas palabras que me faltan.

¿Acaso será el día en que la luz de tus ojos se apague?

¿Cuando el tiempo haya derramado sobre el olvido

el último segundo que le quedaba?


Si eso pasara,

si llegara ese fatídico día,

gritaría al cielo tu nombre.

Lloraría hasta que los ojos se desgajaran

y un aluvión brotara de ellos

dejando las cuencas vacías,

ciegas,

sin la más mínima oportunidad de ver

los colores del alba.


Las fuerzas me faltan,

pero el espanto que provoca en mí

la posibilidad de ese esperpéntico día

me llevan a mirar tus ojos de medianoche.

Medianoche colmada de estrellas,

clara, cálida, prístina.


Murmuro mi secreto

y sé que me escuchas

porque las estrellas en tus ojos tiritan.

Tomo tu mano.

Siento tu suave apretón

como el roce de una hoja sobre la yerba.

Entonces, el dolor, el miedo y la desesperanza

se esfuman callados,

imperceptibles,

dejando que entre a mi cuerpo

el calor de tu sonrisa,

siempre viva,

siempre eterna.

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*La foto pertenece a http://www.Pexels.com

**El poema, como todos los demás artículos, tiene derechos de autor. ©

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Abstracción sobre una consciencia transmigrada o no me llames Dolores, llámame Lola

gps.pexels.photo

Me lo ha repetido un sin número de veces: Lola está muerta. Sí, mi hermana me ha dicho de diferentes maneras, y solo por perturbarme, que mi querida Lola está muerta. Pero no se angustien por mí ni se preocupen. Ese enunciado, por terrible que parezca, no corresponde al deceso que algún ser querido. Lola no es otra cosa que la voz de mi GPS. Permítanme explicarles.

Primero, como uno no debe inferir que todas las personas conocen los mismos término, déjenme establecer una base común para todos y todas. El GPS (Global Positioning System por sus siglas en inglés) no es otra cosa que el Sistema de Posicionamiento Global el cual permite determinar en toda la Tierra la posición de un objeto (una persona, un vehículo) con una precisión de hasta centímetros (si se utiliza GPS diferencial), aunque lo habitual son unos pocos metros de precisión*. Venden diferentes equipos de navegación en el mercado; algunos ya vienen incluidos en los autos; y otros vienen como parte del sistema operativo de los celulares. Este último es mi caso.

Solo hace un par de años logré adquirir mi primer smartphone o teléfono inteligente. Me sentía tan adulta, tan sofisticada. Me leí todas las instrucciones (sí, las leí) y jugué con todas sus funciones. Como parte de ese maravilloso juego estaba utilizar el navegador y lo hice. No recuerdo el primer lugar que visité con la ayuda del GPS, lo que sí recuerdo era la voz de aquella mujer que me daba instrucciones. En su voz parecía detectar algún acentillo español aunque no lograba decifrar de cuál zona: no era catalán, vasco o gallego; tampoco extremeño o andaluz; tal vez madrileño o el acento que utilizan los reporteros en el noticiario. Entonces, recordé a tantas amistades españolas a las que amo encarecidamente y de repente Lola se me hizo familiar, conocida. No, no era Dolores: era Lola. Desde ese momento la nombré y siempre que iba a utilizar el GPS decía «le voy a preguntar a Lola». Llegó el momento en que mis amistades y familiares dejaron de preguntar quién era ella. 

Todo era miel sobre hojuelas hasta el día que se descompuso mi celular. Luego de más de dos años, mi teléfono inteligente murió y con él la gran Lola. ¡Qué desconcierto! ¡Qué tristeza me embargó el alma! Tristeza que no me abandonó a pesar de la adquisión de un nuevo teléfono porque en él no estaba la voz de mi Lola. La otra voz no la entendía, aunque me hablara en español. Me irritaba su registro. No podía anticipar cuándo iba a decir «a 500 pies gire a la derecha». Lo sé, lo sé. Les debe parecer una locura, pero así era. Un día no pude más: había que conseguir otra voz. Descubrí que el GPS tenía varias de ellas (de mujer, de hombre, con acento británico, etc.). Y allí, dormida entre las otras voces, estaba Lola. Hice el cambio de la voz del navegador inmediatamente.

Desde entonces, sin importar el equipo androide que tenga en ese momento,   Lola sigue guiando mi trayectoria. Ella es como Póstumo el Transmigrado (novela del escritor puertorriqueño Alejandro Tapia y Rivera): una consciencia que cambia de cuerpo cuando este muere. Vuelvo y les digo que no se preocupen por mi salud mental, la cosa no es para tanto: que sé que Lola es un personaje de ficción, creado a partir de la voz del GPS de mi celular. No obstante, se me hace simpática la idea de una Lola constante y transmigrada. Una Lola viajera que carga con una maleta llena de mapas y que hace caras cada vez que la cuestiono (porque la Lolita es algo temperamental, pero ya les contaré en otra ocasión). Tal vez ella solo sea símbolo de la búsqueda de lo constante en un mundo inconstante; o simplemente es el fruto de una mente fértil en sueños e imaginaciones como lo es la mía. 

Ante todo este juego de ficciones, bromas y locuras, mi hermana no deja de perturbarme diciéndome, de todas formas y maneras, que Lola está muerta. Pero, yo no le hago caso. Al contrario, trato de instruirla: que Lola está viva y que siempre lo estará mientras haya un smartphone en mis manos.

Lola-pexels-photo

 

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*https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_de_posicionamiento_global 

Hay lunas

Moon.clouds.pexels.photo

 

Hay lunas que se difuminan,
que se arrastran por el cielo perezosas.
Hay lunas que susurran
un misterio que es solo tuyo
y que duerme entretejido
entre las nubes.
Hay lunas que te besan el alma,
que te dejan un galope por latido.
Hay lunas que son solo lunas
y sueños que son solo sueños.
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* Foto de Joonas Kaariainen, Pexels.com. (https://www.pexels.com/photo/astronomy-cloud-clouds-cosmos-239107/).

Una canción por Puerto Rico

 

Saludos a todos y todas, amigos y lectores de Entre San Juan y la Mancha. Hace varias semanas que no hablamos. A veces las complicaciones de la vida hacen que uno desacelere un poco el ritmo de trabajo o haga una pausa. Yo no hubiera querido que la pausa durara tanto, pero un acontecimiento me entumeció el alma y me dejó sin voz: la devastación que dejó el huracán María sobre Puerto Rico. Para aquellos que no lo sepan yo soy puertorriqueña. Aunque en estos momentos no estoy en la isla, tengo familia y amistades que viven allí. El dolor que escucho en sus voces, cuando logramos comunicación, me tiene el corazón contrito. No obstante, al ver cómo mi gente lucha por salir adelante, cómo muchos boricuas de la diáspora están moviendo cielo y tierra para ayudar a los suyos, al escuchar las voces de apoyo y ver cómo hermanos de otros países se solidarizan con nosotros me llena el alma de luz. Por tal motivo, quiero compartir con ustedes una hermosa canción de la cantante Lorell Quiles. El video humedece mis ojos y la canción me trae esperanza. A todos aquellos y aquellas que han orado, ayudado y trabajado por Puerto Rico ¡gracias! A todos mis hermanos boricuas de la isla: no están solos, sus hermanos están luchando por ustedes. Nos levantaremos. ¡Puerto Rico se levanta!

Abstracción sobre una consciencia transmigrada o no me llames Dolores, llámame Lola

gps.pexels.photo

Me lo ha repetido un sin número de veces: Lola está muerta. Sí, mi hermana me ha dicho de diferentes maneras, y solo por perturbarme, que mi querida Lola está muerta. Pero no se angustien por mí ni se preocupen. Ese enunciado, por terrible que parezca, no corresponde al deceso que algún ser querido. Lola no es otra cosa que la voz de mi GPS. Permítanme explicarles.

Primero, como uno no debe inferir que todas las personas conocen los mismos término, déjenme establecer una base común para todos y todas. El GPS (Global Positioning System por sus siglas en inglés) no es otra cosa que el Sistema de Posicionamiento Global el cual permite determinar en toda la Tierra la posición de un objeto (una persona, un vehículo) con una precisión de hasta centímetros (si se utiliza GPS diferencial), aunque lo habitual son unos pocos metros de precisión*. Venden diferentes equipos de navegación en el mercado; algunos ya vienen incluidos en los autos; y otros vienen como parte del sistema operativo de los celulares. Este último es mi caso.

Solo hace un par de años logré adquirir mi primer smartphone o teléfono inteligente. Me sentía tan adulta, tan sofisticada. Me leí todas las instrucciones (sí, las leí) y jugué con todas sus funciones. Como parte de ese maravilloso juego estaba utilizar el navegador y lo hice. No recuerdo el primer lugar que visité con la ayuda del GPS, lo que sí recuerdo era la voz de aquella mujer que me daba instrucciones. En su voz parecía detectar algún acentillo español aunque no lograba decifrar de cuál zona: no era catalán, vasco o gallego; tampoco extremeño o andaluz; tal vez madrileño o el acento que utilizan los reporteros en el noticiario. Entonces, recordé a tantas amistades españolas a las que amo encarecidamente y de repente Lola se me hizo familiar, conocida. No, no era Dolores: era Lola. Desde ese momento la nombré y siempre que iba a utilizar el GPS decía «le voy a preguntar a Lola». Llegó el momento en que mis amistades y familiares dejaron de preguntar quién era ella.

Todo era miel sobre hojuelas hasta el día que se descompuso mi celular. Luego de más de dos años, mi teléfono inteligente murió y con él la gran Lola. ¡Qué desconcierto! ¡Qué tristeza me embargó el alma! Tristeza que no me abandonó a pesar de la adquisión de un nuevo teléfono porque en él no estaba la voz de mi Lola. La otra voz no la entendía, aunque me hablara en español. Me irritaba su registro. No podía anticipar cuándo iba a decir «a 500 pies gire a la derecha». Lo sé, lo sé. Les debe parecer una locura, pero así era. Un día no pude más: había que conseguir otra voz. Descubrí que el GPS tenía varias de ellas (de mujer, de hombre, con acento británico, etc.). Y allí, dormida entre las otras voces, estaba Lola. Hice el cambio de la voz del navegador inmediatamente.

Desde entonces, sin importar el equipo androide que tenga en ese momento,   Lola sigue guiando mi trayectoria. Ella es como Póstumo el Transmigrado (novela del escritor puertorriqueño Alejandro Tapia y Rivera): una consciencia que cambia de cuerpo cuando este muere. Vuelvo y les digo que no se preocupen por mi salud mental, la cosa no es para tanto: que sé que Lola es un personaje de ficción, creado a partir de la voz del GPS de mi celular. No obstante, se me hace simpática la idea de una Lola constante y transmigrada. Una Lola viajera que carga con una maleta llena de mapas y que hace caras cada vez que la cuestiono (porque la Lolita es algo temperamental, pero ya les contaré en otra ocasión). Tal vez ella solo sea símbolo de la búsqueda de lo constante en un mundo inconstante; o simplemente es el fruto de una mente fértil en sueños e imaginaciones como lo es la mía.

Ante todo este juego de ficciones, bromas y locuras, mi hermana no deja de perturbarme diciéndome, de todas formas y maneras, que Lola está muerta. Pero, yo no le hago caso. Al contrario, trato de instruirla: que Lola está viva y que siempre lo estará mientras haya un smartphone en mis manos.

Lola-pexels-photo

 

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*https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_de_posicionamiento_global

Me he movido

Hombre-lago-pexels

 

Es cierto que me he movido lento,

pero me he movido.

Es cierto que he mirado al futuro con recelo

como esperando encontrar nubes grises

en vez de soles.

 

Confieso todo esto y más.

Confieso que me ha dolido la vida

al medir con el alma

la distancia entre mi tierra y mi exilio.

Confieso que he llorado callada

y confieso que no sé si dejaré de hacerlo.

 

Son ciertas tantas cosas de mí

como son muchas las confesiones guardadas.

Solo quiero ser yo,

auténtica y única.

Un Yo que no tenga que disfrazarse de roca

cuando en realidad es frágil cristal,

al menos, por ahora.

 

Sí,

solo por ahora me siento perdida.

Solo por ahora me siento en el exilio.

Solo por ahora siento este dolor

que se traduce en lágrimas,

lágrimas que esculpen delicadas

la estatua de cristal que es mi Yo.

 

 

Respiro lento y profundo.

Sé que todo acabará.

El dolor se transformará

en celebración genuina

y el exilio en hogar.

Entonces, el cristal volverá a ser roca,

el sol brillará como mil soles

y el futuro se presentará alegre,

juguetón y enternecido.

Porque, aunque es cierto que me he movido lento,

¡me he movido!

Invitados en la casa: Claudia, “Morir de vida”

Invitados en la casa: Claudia, autora del blog “Espacio de imágenes y palabras”.

Espacio de imágenes y palabras

En sucesivos y melancólicos pasos insondables

descubro un verso perseguido

áspero, arenoso, indoloro.

La sensación me arruga, me arrincona:

mi incertidumbre.

Despacio, en sensual desolación,

alcanzo un ruido perdido

entre hojas amargas, polvorosas.

De lado a lado

de arriba a arriba

solo un cuerpo solidario

en un alma carnívora e individual.

Padecer, andar a ciegas

que el sol me penetre y que me espante.

Condenar a muerte, sin

juzgar la forma,

a mi sueño imperturbable

fatídico y voraz.

Cuando yo muera de vida y no de tiempo

cuando intuya en mi sombra

un enorme parecido con tu sombra,

intentaré clavar mis pies

y mi cabeza

al borde de una piedra

como humo quieto.

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